Al principio me costó trabajo apoyar todo mi peso en mi compañero, pero una vez que lo logré, me sentí contenta de que no me dejó caer. Y ahora me doy cuenta que eso mismo me pasaba con mi clase, quería que con mis propias fuerzas hacer que las cosas funcionaran a mi manera, como yo lo había planeado. Ahora mi compromiso es recargarme en Dios y permitir que Él me dirija y yo solamente ser su instrumento.
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