jueves, 19 de mayo de 2016
Sesión 12
Toda mi vida he experimentado la providencia de Dios. Mi madre se divorció cuando yo tenía 4 años y mi padre no se hizo responsable de mí y de mi hermana. Mi madre trabajaba mientras mi abuelita nos cuidaba, con ella aprendí a rezarle a la Divina Providencia desde pequeña. Conforme iba creciendo asimilaba que todo lo que teníamos, techo, vestido, comida, escuela era obra de la Divina Providencia, ya que aunque no vivimos con lujos nunca nos faltó nada ni afecto ni nada material. Dios siempre ha puesto ángeles en nuestro camino, que nos han tendido la mano. Ahora como adulto estoy plenamente convencida de que si uno se ocupa de las cosas de Dios, Él se ocupa de nuestras cosas.
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