Hoy reconozco cuán pequeño y débil soy, es verdad te he encontrado, he experimentado tu misericordia, tengo la certeza que siempre estás conmigo, pero los afanes del día, las situaciones que se presentan, en fin, me hacen perder y a veces olvidarte y olvidar lo que verdaderamente importa, el mundo quiere absorberme y sin embargo tu gracia me alcanza...
Suelo tomar actitudes que no vienen de ti, ni de tus enseñanzas y me duele enormemente el alma, parece y creo que es así, que como el Pueblo de Israel tiene sus períodos altos y bajos contigo, así mismo se dan en mi vida, pero no porque tu lo quieras sino porque soy yo mismo el que propicia eso, pues soy dueño de las decisiones que tomo y tu me dejas obrar con libertad, y aún en medio de ellas tu amor me alcanza y tu Santo Espíritu me toma y me conduce hacia ti y sin obligarme, sin interrumpir, sin forzarme, vuelves a recordarme que soy tuyo y que me amas.
Bien sabes, que busco ser un discípulo fiel y construir un pedacito de tu Reino en el lugar que tu me has enviado y claro con tu gracia, más que con mi esfuerzo, sé que tengo la armadura más perfecta y hay días que voy al combate sin alguna parte o completamente sin ella, me pongo a tus pies y con tu auxilio permíteme ser un mejor discípulo dispuesto a todo por ti...
Amén.
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