Jesús
me invita a compartir con mi familia este pedazo de pan. Resultó una gran
experiencia, no se esperan que TU te ofrezcas, que les digas aquí estoy para
ayudarte en tus necesidades, de hacerte sentir que te acompaño, que tienes mi
apoyo, mi consejo.
Ahora
bien, me hizo experimentar el sacramento del matrimonio con otro corazón, con
el corazón de Jesús, que es con amor, que
es total, perfecto, eficaz, feliz. Con la ayuda de Dios venceremos rencores,
perdonaremos de corazón, serviremos con amor, sin esperar nada a cambio. Por
eso debemos recurrir a la Eucaristía para ser uno en él, para que por ese medio
le solicite al Espíritu Santo su ayuda para continuar fortaleciendo mi
matrimonio.
Nada que
ver como lo vemos los humanos, limitado,
condicionado, sin voluntad, en cualquier momento o motivo querer separarse, no
luchar, echarle la culpa siendo egoísta.
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